Mons. Estanislao, 30 años como misionero en Bolivia

V Congreso Americano Misionero 15.04.16// En el marco del II Simposio de Misionología, que se realiza en Cochabamba, Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Obsipo Auxiliar de Santa Cruz, comparte su testimonio vocacional como misionero.

Mi vida como misionero no es como la de San Pablo que cae de un caballo. Mi familia ha sido el primer espacio donde vivíamos y practicamos la fe, con mis papás y mis tres hermanos varones, la dimensión religiosa fue fuerte de parte de mis papás y hermanos. Mi hermano mayor también es sacerdote. El menor se quedó para perpetuar el apellido. Las inquietudes nacen en la familia.

No puedo decir si fue un día específico que el Señor me llamó, pero si hay esa sensación en el corazón del llamado del Señor. Antes de entrar al semianrio consideraba varias profesiones, pero por fin siento el llamado y toco las puertas del convento y digo quiero ser sacerdote. Otro aspecto que influyó también fue la situación política del comunismo en Polonía donde la Iglesia recibía golpes y sentí que era el camino que debía tomar.

El segundo año de seminario me enviaron a participar a un congreso misionero, de allá volví con la inquietud de ser enviado a la misión.

Cuando me ordené hice la solicitud de salir. Llegué hace 30 años a Bolivia. Estoy contento de elegir justo a Bolivia, el país que me acogió, me adoptó y me siento como un boliviano más. Aunque el certificado de nacimiento dice otra cosa.

Vivo 30 años dando mi vida y experiencia de ser misionero. Nunca me he arrepentido de llegar a Bolivia, de compartir alegrías y tristezas de este pueblo.
Toda mi vida lo pase en el oriente, entre Montero y Santa Cruz, pienso que tampoco la gente se arrepintió de acogerme como soy.

Momento triste y alegre
Siempre hablo y explico que la intención mía fue trabajar 9 años, llegando a Montero sin hablar castellano, porque me apresuré ni estudié el idioma. La primera misa en Montero vi los jóvenes la alegría y el canto me dije a mí mismo, aquí me quedo. Fueron más momentos de alegría y no tanto de quedarse en los problemas.

En una primera comunión para 700 niños me impactó, me hizo vibrar junto con ellos.

Otra ocasión confirmamos 2700 jóvenes en el estadio de Montero. Todo se hizo instrumento de la llegada del Espíritu Santo. Son estos momentos positivos los que hacen mi vida.
He vivido mi compromiso con la gente que cuando salía de vacaciones me preguntaban, padre,  va a volver, la única respuesta es “claro que sí”, así se hizo mi testimonio en Bolivia.

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